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Mitología y folclore japoneses

Quiénes eran

La mitología japonesa nació en un archipiélago de montañas, bosques, ríos y mar, donde se cree que todo puede albergar un kami, una presencia sagrada. Sus relatos más antiguos están en el Kojiki, de 712, y el Nihon Shoki, de 720, compilados por la corte de Yamato para narrar la creación del mundo, la era de los dioses y el origen de la casa imperial. A ese núcleo sintoísta se sumaron, a lo largo de los siglos, el budismo llegado de China y Corea, el pensamiento del yin-yang y una riquísima tradición popular. Del periodo Heian al Edo, cuentos, obras de nō y kabuki, rollos ilustrados y grabados llenaron Japón de héroes, samuráis, fantasmas y yōkai, criaturas que van de lo aterrador a lo cómico. Muchas de esas creencias siguen vivas en santuarios, templos, festivales y en la cultura actual.

Cosmología

En el Kojiki, al principio surgen divinidades solas en el Takamagahara, la Llanura del Alto Cielo. Luego viene la pareja Izanagi e Izanami, encargada de dar forma a la tierra. De pie en el Puente Flotante del Cielo, agitan el océano con una lanza adornada con joyas, y de las gotas que caen nace la primera isla. Unidos, engendran las islas de Japón y muchos kami: del mar, los vientos, los árboles, las montañas. Al dar a luz al kami del fuego, Izanami muere y baja a Yomi, la tierra sombría de los muertos. Izanagi va a buscarla, ve su cuerpo en descomposición y huye, cerrando el paso con una piedra. Al purificarse en un río, nacen Amaterasu, del ojo izquierdo, Tsukuyomi, del derecho, y Susanoo, de la nariz. Así quedan fijados el cielo de los dioses, la tierra de los vivos y el mundo de los muertos, y la importancia de la purificación.

Panteón

Se habla de yaoyorozu no kami, los "ocho millones de kami", para decir que son incontables. En la cima está Amaterasu Ōmikami, kami del Sol, venerada en Ise y considerada ancestro de la familia imperial. Su hermano Susanoo, impetuoso señor de las tormentas, vence a la serpiente Yamata-no-Orochi en Izumo, y Tsukuyomi gobierna la noche. Inari protege el arroz y la prosperidad, con zorros como mensajeros; Hachiman es el kami de los guerreros; Raijin y Fūjin dominan el trueno y el viento; Ryūjin reina en el fondo del mar. Del budismo llegaron figuras como Benzaiten, de las aguas y la música, y las Siete Deidades de la Fortuna. A su alrededor viven espíritus locales de montañas, ríos y casas, y un inmenso pueblo de yōkai.

En MYTHENOR

En MYTHENOR, esta es la región del Archipiélago de los Kami, bajo el Cielo de los Ocho Millones, donde cada cosa tiene un kami recordado en festivales y ofrendas. Los duelos ocurren en patios de santuario, bajo torii rojos y cerezos a la luz de la luna. En las Ocho Colinas, la guardiana Kaguya protege el hilo de luz de luna, la espada, el espejo y ocho toneles. Pero llega el silencio: los faroles no encienden, el río Kamo olvida su nombre, los tengu olvidan cómo volar, y algo antiguo tiene sed.

Nota de respeto

El sintoísmo es una religión viva, practicada hoy en decenas de miles de santuarios, y muchas creencias budistas y populares aquí citadas también las viven millones de personas. Amaterasu, Inari, Hachiman y otros kami se veneran en la actualidad, y ritos como el Obon, las danzas kagura y la purificación son prácticas sagradas, no magia de juego. MYTHENOR presenta estas figuras con respeto; al visitar un santuario, sigue las costumbres locales, como inclinarte ante el torii y purificarte las manos.

Fuentes

  1. Shinto — World History Encyclopedia — Mark Cartwright
  2. Kojiki: Japan's Oldest Book — World History Encyclopedia — Mark Cartwright
  3. Izanami and Izanagi — World History Encyclopedia — Mark Cartwright
  4. Kami — Encyclopaedia Britannica — The Editors of Encyclopaedia Britannica
  5. Introduction: Jinja — Encyclopedia of Shinto — Kokugakuin University
  6. The Database of Paintings of Mysterious Phenomena and Yōkai — International Research Center for Japanese Studies (Nichibunken)

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